jueves, 21 de enero de 2010

POLLERAS GITANAS - PABLO FELLER




POLLERAS GITANAS

Hanz Teppel es un funcionario eficiente y creativo. Es de los que regresan a su hogar con la satisfacción del deber cumplido y feliz de disfrutar con su familia. A diario en su trabajo se cruza con cientos y cientos de cadáveres y de moribundos por cuyos cuerpos trepan hormigas, piojos y bichos voladores que se meten en los pelos y en todo orificio que encuentran. Hanz Teppel es el encargado de la cámara de gas en los turnos vespertinos y nocturno. El mismo ideó un sistema que en trece minutos liquida cada turno. Controla además que la cantidad de personas gaseadas sola la misma en cada día en cada turno. En su hogar nada de esto comenta, solo algunas explicaciones al pasar: que él es el encargado de las duchas, a la cámara de gas la nombra como barracas transitorias y el humo que despiden las altas chimeneas que se esparce por toda la comarca con un olor insoportable lo atribuye a la mezcla de distintos desinfectantes. Cada tanto recoge algunas prendas que le arranca a las cautivas, las que a primera vista considera de calidad y se las lleva a su casa. De unas gitanas que fueron despojadas de sus polleras le llamó la atención el colorido con aplicaciones de hilos dorados y plateados , las sustrajo y las regaló a su mujer ya su hija quienes elogiaron su buen gusto.
Una tarde de Enero, cumplido su turno vespertino solicitó ser reemplazado. Otro se hizo cargo del turno nocturno. Su hija cumple años y desea llegar a tiempo para higienizarse, distenderse un rato y estar presentable. Antes seleccionó dos tapados impecables con botones de porcelana, pasó por un negocio de la comarca y los hizo empaquetar por separado. Llegó a su casa contento por los regalos que llevaba. Estaba lista la sala para recibir a los invitados, las bebidas alcohólicas a la vista. Llamó varias veces a sus mujeres y nadie respondió, hasta levantó la voz, sin resultado. Salió al jardín y se encontró con la vecina que estaba plumereando las ventanas abarrotadas de ceniza. Por ella se enteró que su mujer y su hija fueron a la barraca a darle una sorpresa y conocer las duchas. Hanz miró su reloj, se trepó a la bicicleta de la nena, buscó un atajo pero al llegar a la vía del tren tuvo que detenerse. Un tren con decenas de vagones se dirigía al campo. Volvió a mirar su reloj, abandonó la bicicleta y saltó al estribo del último vagón. El tren se detuvo cinco kilómetros antes de su destino y miles de personas fueron obligadas a saltar de los vagones. En correcta fila y en silencio total iniciaron la caminata. Hanz abandonó en un santiamén el tren . corrió enloquecidamente cuando un disparo lo detuvo, levantó sus manos, se acercó al soldado, asustado balbuceó algo, quiso explicar que corría en busca de su mujer y su hija. De respuesta un culatazo le hizo saltar varios dientes, le rompió la nariz y la mandíbula y quedó desfigurado, fue empujado a la fila y en ese estado no pudo pronunciar palabra alguna. Al llegar al portón salió nuevamente disparando, un soldado lo volteó, le arrancó sus ropas, lo levantó de los pelos luego de patearlo y regalarle un buen escupitajo. Su cuerpo quedó tirado toda la noche. Con la cara destrozada y la sangre que había fluido por todos los orificios fue pasto fácil para todo tipo de bichos. Al despertar el día fue el primero del turno matutino. Alguien le limpió la cara, apenas pudo entreabrir un ojo, lo suficiente para ver el cesto de donde sobresalían las polleras gitanas, desesperado volvió a escuchar la maldición que anticipó la gitana cuando la desnudaron y le arrancaron las polleras.
Su ausencia hizo que una patrulla fuera a buscarlo y al no ubicar a ninguno de los Teppel interpretaron que su pedido de reemplazo fue premeditado para darse a la fuga. Con lanzallamas incendiaron su casa con todo lo acumulado en ella y ordenaron la captura de todos. Nunca los ubicaron. Hanz Teppel y familia se hicieron humo.

PABLO FELLER. Cuento premiado con el tercer premio sobre 2.200 presentados en un concurso de Metrovías,, subte de Buenos Aires. El concurso se tituló Cuentos Cortos de Terror. Y publicado en un libro.


1 comentario:

Eduardo dijo...

Pablo Feller posee una cualidad única, un sentido absoluto de la síntesis. Su mayor virtud consiste en contar una historia con la menor cantidad de palabras, logrando una comprensión del argumento que pocas veces se alcanza con tan apretado relato. Sus ágiles y vivaces 82 años le permiten disfrutar de su Buenos Aires plenamente y con su poder de narrativa, sobresalir y gustar.